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Yo
Fucking Nice
...varios desvaríos de una freak en internet
Here we go Again 
19th-Nov-2008 10:52 pm
actors: RDJ

Penúltima parte porque resulta que LJ dice que escribo demasiado para un solo post ¬¬

Tras emplear a fondo todos su extensamente proclamado encanto, sus no menos útiles dotes de persuasión y sus no tan brillantes disposiciones para la negociación, Tony Stark, famoso presidente de una de las empresas más influyentes y solventes del mundo, no descarta en absoluto tener que arrodillarse y rogar para conseguir que su asistente personal le acompañe a Nueva York en algo parecido a un viaje de negocios.

Finalmente y tras la promesa de un par de Manolo Blanick’s y una visita al MOMA el jet privado de Tony Stark está listo y a punto para volar a la Gran Manzana con un par de agentes de SHIELD, Nick Fury, la nueva encargada del equipo médico que Pepper ha insistido en que era totalmente imprescindible en el Cuartel General, Pepper y él.

-Reacuérdame una vez más por qué estoy aquí

Al otro lado del cristal comienzan a dejarse ver las luces de Washington y Pepper aparta temporalmente su blackberry para relajarse contra el respaldo y mirar por la ventanilla

-Porque aunque a veces se te olvide, no puedes pasar sin tu arrebatadoramente atractivo a la par que genialmente inteligente jefe- Pepper suspira hondo sin dejar de mirar por la ventanilla y él no puede evitar sonreír de medio lado- y por los zapatos.

-Ah, sabía que había una razón de peso

Entre las tenues luces del modo nocturno del jet, las azafatas se afanan por servir aperitivos y bebidas a los invitados distribuidos por el salón del avión, los dos chicos de Fury y el mismo Nick, sentados al fondo en el amplio sofá semicircular mientras que ellos ocupan una de las mesas más cercanas a la cabina y la doctora parece revisar los mismos papeles una y otra vez en otra de las mesas del otro extremo de la nave.

-El Jet está sorprendentemente silencioso esta noche

Pepper fija la mirada en algún punto por encima de su hombro y Tony se gira para ver a dos de las azafatas atendiendo a Fury y a uno de los agentes con lo que parece ser un whisky y unos cacahuetes mientras el otro duerme profusamente.

-No lo dirás por los ronquidos del Agente Whinny

-Whaitney

-Lo que sea, he visto motores de pistones que hacían menos ruido

Pepper suspira y niega con la cabeza como si fuese una causa perdida.

-Me refería a las azafatas

-Las azafatas no roncan, Pepper

-Tampoco bailan, por lo visto

Tony sonríe como el gato que está a punto de devorar un sabroso canario y baja el tono de voz al menos una octava clavando la mirada de un modo totalmente intencional en los ojos de su asistente

-Me sorprendes Potts, no sabía que tuvieses esa clase de gustos, aunque estoy seguro de que bailarán lo que quieras si se lo pides adecuadamente

Le sostiene la mirada con cierta agresiva familiaridad hasta que pasan un par de minutos y la desvía para volver a mirar por la ventana mientras dejan atrás la capital.

Lleva el pelo apenas ondulado y suelto, apartado de la cara con los primeros mechones retirados detrás de las orejas y el primer botón de la camisa desabrochado y cuando se estira levemente para abarcar mejores vistas, deja al descubierto todo su cuello y el segundo botón de la camisa se mueve infinitesimalmente dentro del ojal, a punto de deshacerse de su lazo, a punto de no hacerlo.

Contempla la posibilidad de saltar por encima de la mesa y lamer todo la piel expuesta, desde la mandíbula hasta ese dichoso segundo botón que le tiene hipnotizado y comprobar exactamente cuánta fuerza se necesita para terminar de desabrocharlo. Es posible que lo haga de un momento a otro.

-¿Señor Stark? Siento molestarle, voy a necesitar que rellene estos formularios.

Pepper vuelve la cabeza hacia la fuente de la voz y más por inercia que por alguna decisión consciente Tony hace lo mismo.

Cuando se gira hay unos enormes ojos verdes que le miran expectantes acompañados por una sonrisa brillante y una larga melena azabache.

-Sería estupendo si pudiese tenerlos para cuando aterricemos en Nueva York

-Claro

La doctora le sonríe aún más ampliamente y baja la mirada con falsa modestia.

-Muchas gracias

Echa un vistazo rápido a los formularios mientras busca un bolígrafo en alguno de sus bolsillos.

-Probablemente sería mejor que los rellenases tú, te sabes mi historial médico bastante mejor que yo

-Son confidenciales, Tony

-¿Y?

Cuando levanta la vista de nuevo tiene algo triste en la mirada, suspira hondo, con más melancolía que fastidio y estira el brazo para coger los papeles.

-Está bien, yo los rellenaré

Coge la estilográfica que él había dejado encima de la mesa y comienza a rellenar sus datos con la letra estilizada, legible y elegante que la caracteriza. Movimientos rápidos y precisos de muñeca que apenas paran para leer el enunciado que precede a los huecos, y más allá de los papeles, más allá de sus manos y sus muñecas misteriosamente armoniosas cuando escriben, el dichoso segundo botón de la camisa sigue en ese limbo que le mantiene en vilo. Empieza a creer seriamente que debería alargar la mano y desabrochárselo, por el bien del pobre botón.

Como si pudiese leer sus pensamientos Pepper aparta la vista de los formularios y le mira curiosa.

-¿No vas a… a hacer alguna otra cosa mientras yo relleno esto?

-¿Debería estar haciendo alguna otra cosa?

A parte de, por supuesto, desabrocharla el mencionado botón y posiblemente arrastrarla hasta del dormitorio cercano a la cabina.

Ella se limita a sonreír y a seguir escribiendo dejando pasar un par de minutos antes de volver a hablar.

-Estaba flirteando contigo

Sonríe, se le ilumina la mirada y toda su espalda se tensa como si fuese un niño que acaba de levantarse la mañana de Navidad.

-¿Estabas flirteando conmigo?

-La doctora – no deja de escribir ni cambia su centro de atención- la doctora estaba flirteando contigo- pasa meticulosamente la primera hoja del formulario y comienza con la segunda- es guapa

-Lo es

Tony cruza los brazos sobre el pecho con cierta exasperación y se hunde un poco más en la mullida tapicería del asiento

-Tiene un pase de seguridad aprobado por SHIELD

-Eso me han dicho

El pelo le cae en cascada cuando inclina la cabeza buscando el mejor ángulo para seguir escribiendo con la luz de media intensidad del avión.

-Y no creo que le fuese a molestar en lo más mínimo el reactor de tu pecho- levanta la mirada y sonríe tímidamente durante solo un par de segundos- a no ser que le hagas meter la mano ahí dentro

-Ambos sabemos que ese placer es todo tuyo.

-Bien- deja de escribir, apartala pluma y coge el formulario incorporándose- me iré a otra mesa para que puedas…

-No- se levanta a toda velocidad, avanza un paso para cortarle la salida e invade completamente su espacio personal obligándola de nuevo a sentarse y sentándose él a su lado- sea como sea que fueses a terminar esa frase la respuesta es no

Pepper le mira con los ojos muy abiertos, los labios entreabiertos y cierta expresión de profunda incomprensión, con el segundo botón de la camisa finalmente desabrochado por completo y ondas rebeldes de pelo pelirrojo en todas direcciones. Tony tiene que hacer un esfuerzo titánico por no empujarla contra la ventanilla y hacerle el amor ahí mismo.

-Pero…

-No, y ahora escúchame bien Potts porque solo te lo voy a decir una vez, o bueno, en realidad todas las veces que tú quieras pero le quita bastante dramatismo a la declaración así que digamos que solo te lo voy a decir una vez… hoy – se acerca un poco más a ella, les separan solo unos pocos centímetros y susurra para que su voz no llene todos los rincones del avión- No trato de seducirte porque quiera proteger la tecnología del reactor, no trato de seducirte porque no encuentre mujeres a las que no les disguste el reactor, de hecho se me ocurren al menos veinte maneras de acostarme con una mujer sin que tenga que verlo y ni siquiera me estoy esforzando mucho- hace una breve pausa y respira hondo- no trato de seducirte porque otros lo intenten y me guste la competición o porque adore los retos aunque sí, me entusiasman bastante ambas cosas. Trato de seducirte porque prefiero flirtear contigo que acostarme con cualquier otra persona – no puede evitar mirarle a los labios cuando habla ni respirar el aire que ella exhala con respiraciones erráticas- Y ahora me voy a la cama y sería estupendo que te vinieses conmigo, sería aún más estupendo no tener que dormir con un ojo abierto para poder perseguirte si intentas huir a… digamos, las cuatro de la mañana, pero no importa si no vienes conmigo porque no por ello voy a dejar de intentarlo ¿Quieres saber por qué?- no la deja responder- porque de todas las absurdas, creativas, justificadas e inteligibles razones que me has dado para mantenerme a dos metros de distancia de ti, nunca me has dado la que realmente importa Pepper; que no estés interesada.

Bastante satisfecho consigo mismo Tony se levanta con cuidadoso brío del sofá sin dejar de mirarla a los ojos, azules, inmensos y en estado de shock. Suspira, sonríe y extiende su mano a modo de invitación.

-¿Vienes?

Se le hace eterno, el tiempo que ella tarda en pestañear dos veces y abrir y cerrar la boca otras tantas. Traga saliva, respira hondo tres veces, se humedece los labios y se pone en pie con determinación dispuesta a emitir su veredicto.

-¿Señorita Potts?

La voz grave de Nick Fury cruza rauda el salón del avión destrozándolo todo a su paso y haciendo que ambos dirijan la mirada hacia el otro extremo de la nave.

-¿Podría acercarse un momento? Me temo que tenemos ciertas dudas contractuales que nos urge resolver antes de que aterricemos.

Pepper sonríe, se estira la camisa planchándola con las palmas de sus manos y se abrocha el segundo botón de la prenda cuando se da cuenta de que está fuera del ojal

 

-Por supuesto- dice y comienza a caminar con pasos ligeramente inestables hacia donde la reclaman.

 

Están a punto de sobrevolar Filadelfia y Tony cierra los ojos y se masajea ligeramente el puente de la nariz bastante convencido de la existencia del castigo kármico y de que la verdadera y única misión de SHIELD, es en realidad, amargarle la existencia.

 

-Cómo odio a ese tío

La noche acude a Nueva York aunque la oscuridad parece evadir las brillantes calles de la ciudad. Desde el ático del hotel Gramercy Park, vestido de punta en blanco, Tony Stark controla el movimiento de las manillas del reloj con su visión periférica mientras observa el paisaje del Greenwich Village que se extiende más allá de su terraza.

Ha pasado la mayor parte del día revisando la instalación de la tecnología del Cuartel General de los Vengadores y huyendo de la ciudad que tenía el honor de ser una de las favoritas de Obadiah Stane.

Huye del Merriot y de Broadway, del museo Whitney y del Club Harst de la Séptima avenida. Huye de una docena de sitios más que parecen tener la cara de Stane grabada en todos y cada uno de sus recuerdos.

Echa de menos contar con alguien que siempre le asegure que todo va a estar bien. Todavía le echa de menos. Todavía le duele su traición.

A veces se acuerda de él con cierta nostalgia, no a menudo, solo de vez en cuando. Piensa que si volviese de nuevo aquella azotea volvería a intentar pararle, volvería a intentar salvarle de la muerte también. No sabe si eso le convierte en una buena o en una mala persona así que trata de no pensar en ello.

Dos golpes secos en la puerta seguidos de la inconfundible voz de su asistente le sacan de su ensimismamiento.

-¿Tony? ¿Estás listo?

-Claro

Pepper lleva puestos sus flamantes zapatos nuevos y un vestido verde menta que parece diseñado por los dioses para torturarle; el vuelo se desgaja y se abre cada vez que ella camina dejando vislumbrar entre el movimiento una increíble pierna derecha en toda su gloriosa longitud y el escote sin tirantes que le hace plantearse exactamente cuánto empeño tendría que poner que el vestido dejase de desafiar las leyes de la gravedad mágicamente y cayese al suelo.

Sale de la terraza y entra en la habitación a pasos cortos y lentos, saboreando la distancia, con la mirada fija en ella.

Lleva el pelo recogido en un alborotado moño alto que deja escapar ondulados mechones caprichosos y deja al descubierto su nuca y los discretos pendientes de diamantes y esmeraldas a juego con el colgante que recepción debe de haber dejado en su habitación a media tarde tal y como él indicó. Resplandece entre el azul de las paredes y el burdeos de los muebles y huele a rosas y a rocío y a lo que te sirven de postre en el cielo si has sido realmente bueno.

-¿Nerviosa?

Juguetea con sus dedos por encima del satén de su vestido

-Oh no, acostumbro a llevar joyería de un par de millones de dólares todos los días

-Tres y medio, en realidad

-Oh Dios – se lleva inconscientemente las manos a los pendientes y Tony no puede evitar sonreír mientras le ofrece su brazo.

-He de decir que estás fantástica- ella sonríe con cierto sonrojo y coge su brazo de camino hacia la puerta y el ascensor privado – en realidad estás más que fantástica pero me temo que no conozco los superlativos adecuados, tendré que preguntarle a Jarvis cuando estemos de vuelta en casa.

El restaurante Wakiya está en la planta baja del hotel, el más exclusivo de todo Manhattan y probablemente uno de los más exclusivos del mundo, tanto, que casi le ha costado conseguir una reserva para la cena.

El local está decorado en rojo y negro y Pepper parece un oasis en el infierno cuando lo atraviesan siguiendo al metre hasta una discreta mesa de dos en el rincón más apartado de todo el restaurante.

-¿Y el resto de los comensales?- Tony le retira la silla para que se siente y pide una botella de vino antes de sentarse él

-No hay más comensales

Pepper frunce levemente los labios como si fuese a reprenderle y Tony extiende ambos antebrazos por encima del mantel mientras su camarero descorcha la botella de vino y les sirve.

-Dijiste que sería una cena de negocios – dice una vez que el camarero está lo suficientemente lejos para no poder escuchar su conversación

-No Potts, dije que cenaríamos y negociaríamos, que es precisamente lo que pretendo hacer – ignora la carta de platos y la observa mientras ella la ojea con cautela- ¿Te he dicho ya que estás espléndida?

Cierra su carta, se humedece los labios, le ignora completamente.

-¿Y qué es exactamente lo que quieres negociar?

El camarero les interrumpe de nuevo con exquisitos modales y amplia sonrisa en la cara y Tony empieza a plantearse darle la propina por adelantado para que les traiga la comida y se largue a la Antártica, aunque al final se conforma con pedir la recomendación del chef y esperar a que vuelva a desaparecer.

-Tu estatus

-¿Mi estatus?

-Tu estatus

Pepper aparta la mirada, desenrolla la servilleta y la coloca sobre su regazo y da un trago de vino antes de proseguir la conversación.

-Si querías revisar mi contrato no tenías que…

-No me refería a tu estatus laboral – espera a que ella levante la mirada antes de continuar- me refería a tu estatus personal.

Se miran, se miden y Tony espera que el sentido implícito y su manifiesto interés hayan quedado suficientemente claro. Pasan varios minutos y el camarero aparece presto haciendo equilibrios con los dos platos enormes de raciones discretas e ingredientes totalmente indefinidos.

-La oferta sigue en pie –dice cuando el camarero se va y Pepper sigue sin contestar

-¿Qué oferta, Tony? ¿La de novia abnegada o la de amante oficial? – pregunta con sorna

-Cualquiera – se corrige- ambas.

Pepper suspira con cierta exasperación y sonríe triste y condescendiente cuando alarga ambas manos por encima del mantel esquivando vajilla y cubertería y coge una de sus manos.

-En realidad no quieres hacer lo que crees que quieres hacer

-Espero que seas consciente de que eso solo tiene sentido en tu cabeza

Niega con la cabeza, le acaricia la mano ligeramente y a Tony se le corta la respiración durante unos cuantos segundos con la profunda tristeza que destilan sus ojos.

-Tony escúchame. Sé que ha habido muchos cambios en poco tiempo, sé que ha sido muy duro, sé que a veces no sabes en quién puedes seguir confiando y sé que a veces crees que estás solo pero no lo estás, nunca lo has estado y no necesitas hacer esto. No me voy a ninguna parte.

-Retira sus manos de encima de la suya y coge los cubiertos con delicadeza, separando pequeños bocados de comida antes de cogerlos con el tenedor y Tony asiente con la cabeza y comienza a comer.

La comida está solamente templada y no se atreve a tratar de averiguar qué es exactamente lo que está comiendo, tampoco le importa demasiado. Engulle la comida más que disfrutarla, tratando de digerir la conversación, tratando de discernir si ella tiene razón o no porque desde luego lógica no le falta y poder de convicción tampoco así que durante veintiocho minutos de comida asiática de diseño y poca conversación Tony se lo plantea, se plantea realmente en serio que esté confundiendo la soledad con la necesidad de estar a su lado todo el tiempo posible en todos los sentidos posibles.

El hecho de que tarde tal exagerada cantidad de tiempo en darse cuenta de que no, aunque sea por primera vez en su vida, Pepper no tiene razón, lo atribuye al hecho de que alguna de las algas que ha comido intervenga con su sinapsis cerebral.

O al vino.

O a ambas.

-Quédate conmigo – dice rompiendo el silencio

-Estoy contigo – contesta apenas levantando la mirada del plato

-Necesito que estés más.

Respira errática, con el tenedor apoyado en el plato y la mirada perdida en el fondo de sus ojos y la duda de estar haciendo lo correcto en toda su expresión.

-Tony…

-Quédate esta noche- cambia de técnica porque si tiene que ser a pasitos pequeños que así sea, si tiene que distraerla y manipular la situación lo suficiente para que permanezca con él hasta que ella le necesite también a él, aunque sea una décima parte, desde luego que lo va a hacer- solo esta noche – miente- toda la noche.

Pepper no le contesta mientras se termina el plato y dirige el tema de conversación hacia los últimos detalles de las nuevas instalaciones para Los Vengadores. Tampoco dice nada al respecto durante el postre, tiramisú con doble de chocolate y canela silvestre. No lo comenta en absoluto cuando se retiran de la mesa y abandonan el restaurante pero cuando Tony se dirige al ascensor privado y mantiene la puerta abierta unos segundos, Pepper le sigue, y cuando cruza el umbral de la habitación del ático, Pepper está justo detrás de él.

La noche es templada para ser otoño y la brisa que sube de las profundidades de la ciudad huele a perritos calientes y comida para llevar y empuja con suavidad las primeras hojas caídas a través de las puertas entreabiertas de la terraza.

Entre la decoración azul y roja, el vestido verde de Pepper, desparramado por el suelo, parece una obra maestra de algún artista desconocido aún por descubrir. Las sábanas son negras y brillantes como si fuese un lienzo diseñado para que solo pudiese verla a ella y mientras se escurre sobre su piel y respira entre su pelo y sobre su cuello y ene l punto exacto de detrás de la oreja que siempre la hace gemir.

Nueva York brilla con ellos, diluyendo sus esquinas con los viejos recuerdos, amoldando sus avenidas a los nuevos y Tony piensa que si esa noche es lo único que puede tener, aún así es mejor que todo lo que tuvo antes.

 


Pasa algún tiempo desde Nueva York, pasan los días, las noches, y las modelos del especial de Maxim y de FHM para la tradicional fiesta de Halloween de Tony Stark.

Pasan siete jornadas durmiendo solo en el sofá del garaje y siete mañanas en las que Pepper le da los buenos días con una sonrisa contenida como si todo fuese exactamente como debiese ser.

Pasan ciento sesenta y seis horas hasta que la gota colma el vaso y ya no hay nada que hacer para impedir que rebose. Como la espada de Damocles que pende del cielo, el peso de todas las decisiones no tomadas se acumulan y se hacen fuertes oprimiéndole el pecho con incomodidad.

El día acaba de despedirse hasta la mañana siguiente y por las ventanas polarizadas de la cocina apenas se cuelan un par de rayos de luna que no se atreven a interrumpir la cena, así que así es, entre pollo kum-pao y bolitas de cerdo agridulce con brotes de soja a Tony se le atragantan todas y cada una de las escasas veces que se ha dejado las cosas sin decir.

Todas y cada una de las veces que se ha dejado la misma cosa sin decir.

-Te quiero – dice- y se llena la boca de tallarines con salsa de soja

Al otro lado de la mesa de granito negro pulido cubierta de cartones de comida china para llevar, Pepper traga con dificultad y levanta la mirada, así que Tony continúa mirando sus tallarines con infinita fascinación y trata de no atragantarse cuando ella sonríe.

No le contesta pero está bien, no esperaba que le contestase, ni siquiera está seguro de que quisiese que le contestase pero traga tallarines y respira mucho mejor, mejor de lo que recuerda haber respirado nunca.

No sonríe pero se siente libre, ahí está, la última cosa que le quedaba por decir y hacer, el último providencial cartucho que le quedaba por quemar si descarta el acoso enfermizo.

Juguetea con los palillos entre la pasta y levanta la vista para enfrentarse a su mirada que parece que resplandece un poco más que antes, o quizá sea su imaginación.

-¿Me pasas la salsa de soja?

Ahora lo único que puede hacer es esperar.

 


Las instalaciones de SHIELD son bastantes menos glamourosas de lo que uno podría imaginar y sus sistemas informáticos y tecnólogos dejan bastante que desear para los extravagantes gustos de Topny Stark.

Mira el reloj y lo vuelve a mirar y aunque no hay ventanas en la sala, imagina que al otro lado de la pared la brisa nocturna y se afloja con molestia el nudo de la corbata para evitar ahogarse en su propia claustrofobia por aburrimiento.

La enorme mesa rectangular que preside la estancia está llena de propuestas y de normativas, de presupuestos y de memorandums y Tony apenas puede recordar por qué se supone que está en esa reunión o cuantas horas hace desde la última vez que prestó atención al tema que les ocupa.

A su lado Pepper toma notas y subraya sus copias de los documentos haciendo aclaraciones al margen y unos cuántos más asientos más para allá puede ver cómo Rhodey trata de permaneces atento y suspira discretamente abriendo mucho los ojos.

No es su turno de palabra y desde luego probablemente no tiene nada que ver con el tema que Fury está discutiendo acaloradamente, ni siquiera sabe que va a decirlo antes de decirlo.

-Voy a crear otro traje –todos los asistentes paran sus conversaciones, los papeles dejan de moverse de mano a mano y la tensión se vuelve una presencia sólida en la habitación – uno para el Coronel Rhodes

-¡¿Qué?!- el tono repentinamente agudo de Rhodey se eleva por encima de las quejas y las protestas y los reclamos del resto. A su lado Potts eleva los ojos al cielo y él sonríe.

Por encima del jaleo y el revuelo, Rhodes le mira fijamente y sonríe nerviosamente como si fuese Navidad y papá Noel le hubiese dejado el mejor de los regalos e ignora a Nick Fury y desoye al resto porque sabe que ha hecho lo correcto.

Sabe que ha elegido a la persona correcta, sabe que le necesita allí arriba, cuando los misiles pasan tan cerca que la perturbación de aire que dejan tras de sí hacen que pierdas el equilibrio, cuando la adrenalina es lo único que te separa de caer paralizado de miedo y todo parece tan irreal que deja de tener sentido. Sabe que necesita a un amigo con él cuando las fronteras del bien y del mal se desdibujan y se confunden entre el olor a pólvora y a sangre y no sabe distinguir con exactitud qué es lo correcto.

-Me temo, Señor Stark, que usted no es quién para tomar una decisión así – la voz que se alza por encima de las del resto y las enmudece es la del General MacDonalds, puede que en realidad sea General MacAlgunaotracosa, tampoco es que tenga la mayor trascendencia.

-Es mi tecnología, es mi dinero y la última vez que mis abogados miraron el código penal por mí, no era ilegal en este estado construirse un traje que vuela.

-Es usted un hombrecillo insolente y arrogante con aires de grandeza, Stark

El resto de los asistentes permanece atento al intercambio, callados, sumisos, como si cualquier revés dialéctico pudiese desencadenar la Tercera Guerra Mundial. Nick Fury se reclina en su silla y cruza las manos encima de la mesa en un gesto exasperado y Tony no evita la esperada confrontación.

-Muchas gracias, Capitán.

-General

-Por supuesto, General, no querría herir tan fácilmente su escaso orgullo.

Puede oír como Pepper eleva los ojos al cielo y Rhodey ruega una plegaria silenciosa mientras el resto de la sala permanece expectante y Tony contempla con cierta gracia el incremento de saturación del color de la piel del General.

La estancia entera contiene la respiración hasta que Nick Fury comienza a hablar, como si alguna deidad de poderes misteriosos que les fuese a salvar de un final aterrador.

-Señor Stark, es posible que no le haya quedado todavía del todo claro pero a pesar de sus problemas con las normar, se espera de usted un comportamiento un poco más… ortodoxo.

Con lo antebrazos sobre la mesa y una mirada cansada y distante el director de SHIELD, se diría que puede acabar con medio corredor de la muerte solo con su actitud. No con Tony Stark

-No tengo problemas con las normas – a su lado Pepper ni se inmuta mientras el resto de la mesa incurre en exagerados gestos de incredulidad- tengo problemas cuando se pretende que acate normas estúpidas


-Es posible que su falta de instinto de autoconservación y sentido común le impida verlo, Señor Stark, pero por muy absurdas que le parezcan nuestras normas, todas tienen un motivo y habiendo violado la primera de ella con su famosa rueda de prensa, me tempo que aprenderá por el camino duro- Hace una pausa dramática y apenas sí pestañea- el secretismo significa seguridad

Nunca ha sentido la necesidad de justificarse, quizá porque siendo rico y poderoso nunca nadie te pide explicaciones, a lo mejor ha sido falta de costumbre, o es posible que puro orgullo, pero lo cierto es que ni una de las miles de cientos de veces que le han preguntado por la famosa rueda de prensa especulado con su supuesta vanidad, ni una sola vez ha ofrecido ninguna explicación.

Sabe que no es la mejor de las ideas empezar a justificarse delante de Fury, cogerá ideas equivocadas y antes de que pueda darse cuenta estará riñéndole por no lavarse los dientes antes de acosarse o por andar descalzo por casa, aún así no puede evitarlo.

-El secretismo significa inmunidad, Señor Fury, significa equivocarse y no tener que rendir cuentas a nadie, significa evadir responsabilidades – se levanta, dispuesto a acabar con la estúpida reunión lo antes posible- No se preocupe, mi intención no es sacar a nadie del providencial armario pero puedo asegurarle que tampoco favoreceré la creación de comisiones e identidades secretas. O de llevar la ropa interior por fuera.

No se despide y no espera a oír la réplica pero mientras se da la vuelta para salir de la maldita habitación juraría haber visto a Nick Fury sonreír por primera vez en su vida. Pasan un par de segundos antes de escuchar la cadencia armoniosa de los tacones de su asistente chocando contra el suelo, y un par de segundos más antes de que pueda alcanzar la puerta.

-Rodhes, tendrás tu traje listo para la semana que viene

Abre la puerta y espera a Pepper la cruce para cerrarla tras de él.

La ansiada brisa nocturna le recibe cuando sale del edificio, el cuello de la camisa le ahoga y los veinte metros de jardines que les separan de desparramarse en el asiento trasero de su limusina y dormir toda la vuelta a casa parecen el infierno. A su lado Pepper no parece tan infinitamente cansada, con un par de informes en los brazos y mirada clara al frente.

Caminan despacio y en silencio, como si llevasen haciéndolo desde siempre.

-Estoy muy orgullosa de ti – dice, sin girarse, sin sonreír, sin cambiar en lo más mínimo su legendaria actitud profesional, como si las palabras las hubiese pronunciado el viento en lugar de ella.

No lo dice pero le da un vuelco el corazón. Son las cinco palabras que más ha deseado oír siempre a lo largo de su vida

Los veinte metros se hacen diez y los diez cinco, y cuando llegan al coche, Happy abre la puerta de la limusina para ellos y Tony espera a que el conductor de la vuelta al coche y se siente en el asiendo detrás del volante para suspirar hondo.

-Happy, llévanos a casa

Se deshace de cansancio sobre la tapicería pero cuando Pepper coge a tientas su mano a través del asiento trasero, todo su cuerpo se tensa y le cuesta trabajo tragar.

Lentamente, como si su mano fuese un animal salvaje al que hubiese que domesticar, sus finos y delgados dedos buscan el camino a recorrer hasta que sus dedos están completamente entrelazados.

Ni siquiera se atreve a sonreír.
Respira hondo un par de veces y cuando el coche se incorpora a la autopista de la playa de Malibú, recoge su mano y se la lleva a la cara, besa los nudillos de Pepper y aspira el aroma del interior de su muñeca sin que oponga apenas resistencia antes de cerrar los ojos y dejar caer la cabeza sobre el final del respaldo.

Le acuna la brisa nocturna que ulula entre las ventanillas apenas abiertas y duerme sin soltar su mano.

No hay nada como el hogar

 


Pasa sin que llegue a pasar, sin saber nunca cómo o cuándo a pasado pero Pepper empieza a quedarse a dormir sin que él tenga que rogar, suplicar y hacer algunas cuantas promesas en contra de su naturaleza.

Aparecen casi por arte de magia, pequeños detalles por los que habría pagado fortunas: un cepillo de dientes de más en el baño de su habitación, un pijama demasiado pequeño para él debajo de la almohada y productos que solo había visto en anuncios de la televisión en un rincón escondido del mueble del lavabo.

De puertas para adentro Pepper se deja hacer, a veces, cuando es tarde y ha cerrado el portátil y no hay nadie cerca para verles y Tony no lo menciona nunca pero procura tomarse el resto del brazo por cada mano que ella ofrece.

Entra en su despacho como suele hacerlo, sin anunciarse, dejando la habitación sin apenas aire solo con su presencia, con una sonrisa, un portafirmas en la mano y el traje del día ligeramente arrugado.

-Pepper, he traído unos papeles que necesito que firmes.

Se acerca para dejar el portafirmas en su mesa y observarla brevemente mientras pone orden en su mesa preparando las prioridades del día siguiente.

-¿Te he dicho ya lo absolutamente fabulosa que estás con ese traje?

Es un traje marrón de falda recta por encima de la rodilla con una abertura lateral y chaqueta imposiblemente entallada con solo dos botones, el primero justo por debajo de la altura del pecho.

Pepper entorna los ojos como si pretendiese reprenderle pero sonríe a pesar de sí misma – Me pongo este traje prácticamente todas las semanas.

-No por ello estás menos fabulosa cada vez que te lo pones

Eleva los ojos al cielo y continúa recogiendo, cerrando la sesión de su portátil y poniendo los lapiceros en sus correspondientes cubiletes.

Acaba de anochecer sobre la playa y el cielo es aún de ese color que no es negro y no es azul y Tony tiene la esperanza de que esa sea una de las noches en las que Pepper le sigue a casa después de dar por terminado el trabajo en la oficina.


La deja continuar con su rutina y avanza hasta la ventana del fondo que ocupa toda la pared mirando más allá de las propiedades de industrias Stark, justo antes del horizonte.

Escucha como se levanta y coge el documento, pasando una a una las páginas y espera a que diga algo.

-No puedo firmar esto, Tony

No se vuelve para enfrentar sus objeciones- ¿Algún problema con el bolígrafo?

Por el reflejo del cristal de la ventana puede ver como eleva una ceja y niega con la cabeza y vuelve a mirar las hojas del contrato. La noche se vuelve más oscura por momentos haciendo que el vidrio refleje con mayor nitidez cada uno de sus movimientos.

-Estos papeles son para ejercer la presidencia de industrias Stark en caso de que a ti te pasase algo

-Sé para lo que son, los he mandado redactar yo.

-No estoy cualificada…

Se da la vuelta y apoya la espalda en el cristal cruzando los pies a la altura de los tobillos y metiendo las manos en los bolsillos - ¿Tienes intención de quebrantar las leyes de derecho mercantil internacionales? ¿de conspirar en contra de los valores morales de la empresa para tu propio beneficio? ¿de intentar asesinarme? -No le contesta pero en su lugar frunce el ceño y cruza los brazos sobre el pecho- Bien, entonces diría que estás más cualificada para el puesto que mi anterior elección

Le mira profundamente a los ojos durante unos cuantos segundos antes de coger el bolígrafo e inclinarse sobre los papeles que apoya encima del escritorio para firmar- Está bien, pero solo hasta que encuentres a alguien más adecuado

-Seguro- como si hubiese una sola posibilidad de que fuese a encontrar a alguna otra persona en un futuro próximo. Como si la fuese a buscar en absoluto.

-Hablo en serio Tony…

Da dos zancadas enormes que cubrirían continentes enteros hasta quedarse a unos centímetros de ella y saca la mano derecha del bolsillo y se la ofrece.

-Baila conmigo

Pepper coge su mano y sonríe y se deja llevar mientras él la agarra de la cintura y la mantiene pegado a sí, moviéndose al ritmo de la música que tararea malamente. Respira el su perfume cuando ella apoya su cabeza sobre su hombro, en el hueco de su cuello, y le late el corazón al mismo ritmo que las vibraciones de su risa cuando la hace girar. Es noche cerrada a su alrededor y el despacho que antes parecía enorme se les ha quedado pequeño.

Sin previo aviso, la puerta de la oficina se abre y Pepper se tensa entre sus brazos tratando de separarse de él disimuladamente sin ningún éxito.

-Ehm, lo siento no sabía que estaban… ocupados- paralizado en el umbral de la puerta con la mano todavía agarrada al pomo sin saber muy bien cómo proceder

-¿Necesitaba algo agente Coulson?- pregunta Tony en tono liviano sin parar del todo de bailar

-No… no. Puede esperar.

Y cierra la puerta tras de sí mientras Tony maniobra intentando que Pepper se vuelva a dejar llevar al ritmo de sus pies.

-¿Qué ha sido eso?- le pregunta Pepper con solo cierta severidad

-¿Qué ha sido qué?- se hace el inocente aún sabiendo que no le llevará a ninguna parte- yo creí que estábamos bailando

Agudiza la mirada y deja de seguirle los pasos forzándole a que se pare- estabas tratando de hacer algún tipo de… declaración.

-Sí- no tiene ningún sentido negarlo

-Estabas tratando de hacer que Coulson se llevase la impresión de que tenemos una relación.

-No – la agarra de una mano mientras la hace girar sobre sí misma con la otra para volver a cogerla de nuevo- estaba tratando de hacer que te llevases la impresión de que tenemos una relación

Abre la boca y la vuelve a cerrar y abre la boca de nuevo pero no emite ni un solo sonido así que Tony tararea más alto y la agarra con un poco más de firmeza.

-Baila conmigo, Potts- susurra

Tarda un par de segundos pero al tercero, vuelve a hundir la cabeza en el hueco entre su cuello y su hombro y le devuelve cada uno de los pasos que les arrastran por la habitación mientras su reflejo les sigue, pegado a la ventana.

No necesita grandes declaraciones, es toda la respuesta que necesita.

 

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