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Yo
Fucking Nice
...varios desvaríos de una freak en internet
Cosas sobre las que escribir y sobre las que no. 
30th-Mar-2017 01:26 pm
BtVS: Buffy & Spike
El icono de esta semana está dedicado al 20 anuversario de Buffy, como no podía ser menos. Si no escribo más al respecto del tema es porque tanto Buffy/Angel me da un poquito por saco.

Tanto pasteleo con el primer amor y todo ese rollo cuando Angel era un amargado cuando tenía alma y un capullo cuando no lo era. Vamos que Angel no me gusta y David Boreneaz tampoco ha contribuído mucho a la causa, la verdad.

El caso es que estaba pensando en Buffy (brevemente) y he pensado que era curioso que nunca hubiese escrito nada de Buffy. Luego me he venido a LJ y me he dado cuenta que sí que en su día escribí algo de Buffy, (Lo de olvidarme de haber escrito algo es el pan nuestro de cada día) y todo esto me ha llevado a revisar brevemente todos los fics que tengo a medias desde hace años (AÑOS) y que nunca terminé.

El año pasado terminé y publiqué en AO3 este fic de Firefly de casi 31.000 palabras que llevaba a medias un lustro dando vueltas por el disco duro y me prometí convertir en costumbre el rescatar uno de esos proyectos al año y terminarlo. Ya veremos, porque de momento para este año tengo comprometido terminar el WIP de Expediente X que empecé el año pasado y el de Pitch que empecé para el Yuletide, pero de momento, he decidido que para que los fanfics inconclusos estén penando en mi google drive, bien podrían estar por aquí, por si a alguien le interesa cogerlos, darles cariño y adoptarlos, por ejemplo.


1.      Jack/ Irina. Alias.
Se ajusta el lazo de la pajarita discretamente y camina casualmente con una mano metida en el bolsillo del pantalón y la otra balanceándose ligeramente al ritmo de su paso, como si no acabase de descolgarse de un helicóptero hasta la azotea y no le estuviese matando el hombro que se dislocó hace un par de semanas.

Odia reconocerlo pero puede que se esté haciendo un poco viejo para este tipo de misiones.

Camina sin prisa por la sala alrededor de la pista de baile, sonriendo y saludando a personas que no le conocen pero que le corresponden amablemente y trata de no pasar demasiado cerca de los invitados más ilustres ni de los obvios dispositivos de seguridad.

Coge una copa de champagne, se moja los labios y busca con la mirada a su objetivo. No hay ni rastro del embajador de Birmania, sin embargo, a pesar del revuelo que levantan los escritores de éxito y los playboys famosos, no le resulta difícil reconocerla en apenas una fracción de segundo cuando entra en su campo de visión. Lleva un vestido de noche negro azabache que ondea con cada uno de sus movimientos y su pelo de color caoba parece un cartel de neón en una noche oscura.

Sonríe, mira el reloj y estima que aún tiene tiempo para una pequeña distracción así que se mete de cabeza en la marea de parejas moviéndose al meloso ritmo de la orquesta hasta que la alcanza e interrumpe su baile sin demasiada delicadeza.

–¿Me permite que le robe a su pareja un instante? –  pregunta retóricamente y apenas espera a que el otro hombre de un desconcertado paso atrás para cogerla de la mano y hacerla girar hacia él.

Cualquiera que no fuese un experto en la materia diría por su expresión que está sorprendida, cualquiera que no fuese un espía internacional con amplia experiencia y un máster en los diferentes significados del brillo de ojos de Irina Derevko, claro.

– No esperaba verte por aquí–  comenta con cierta perspicacia.
Ella sonríe con timidez fingida y se acerca más a él aprovechando la coyuntura de una vuelta en la coreografía.

– No todo es una conspiración en tu contra, Jack.

– No, no todo. Solo lo que tiene que ver contigo.

Se deslizan por la pista de baile como el viento entre las ramas, con cauteloso sigilo, aprovechando los espacios libres, sin apenas dejar constancia de su presencia y Jack tantea su cintura con la excusa de un cacheo ineludible dadas las circunstancias.

–¿Encuentras lo que buscas, Jack?–  pronuncia su nombre con las consonantes fuertes de su innecesario acento ruso.

No contesta, solo sonríe apenas curvando la comisura de los labios. La mayoría de las veces, las palabras solo son un lujo que no se pueden permitir. En su línea de trabajo no existen las coincidencias y que ambos estén al mismo tiempo en el mismo lugar solo puede significar problemas, ambos han perdido mucho aprendiendo la lección de que no pueden confiar el uno en el otro.

Hay un cambio en el ambiente a su alrededor, sutil, apenas imperceptible, el murmullo de la gente hablando se vuelve un poco más insistente y el movimientos de la multitud torna un poco menos errático. Giran, bailan, y por el rabillo del ojo, Jack puede ver al embajador birmano haciendo su entrada.

Se acabó la diversión.

Va a disculparse diciendo que necesita una copa de vino cuando lo siente, bajo sus manos los músculos de Irina se vuelven apenas ligeramente tensos y en ese momento lo sabe. Ambos lo saben.

Se miran. Se miden. Irina levanta una ceja y Jack sonríe de medio lado.

Se separan en el mismo instante avanzando cada uno por un extremo de la sala hacia el  embajador  birmano, dejando atrás el encerado suelo de parquet de la pista de baile y las engalanadas cortinas que cuelgan de los grandes ventanales adyacentes.

A los ojos del mundo son completos desconocidos. A los ojos de sus jefes son acérrimos rivales. A sus propios ojos, de algún modo, solo siguen siendo un matrimonio.

2.      Tony/Pepper.  Iron Man.

Respira agitadamente con cierto nerviosismo y mira a un lado y a otro de la pista de baile como esperando que en cualquier momento le fuese a caer un jarro de agua fría y Tony la observa de cerca entre divertido y extrañado mientras se mueve con ella por la pista de baile obviando las miradas indiscretas y los cuchicheos de portera que levantan a su alrededor.

– Explícame por qué hemos venido a la fiesta del embajador checo. – demanda Pepper un poco exasperada.

Tony levanta los hombros en un gesto de pura ignorancia y su mejor cara de “a mí que me registren” – En la invitación decía “barra libre” – explica.
Pepper eleva los ojos al cielo y niega con la cabeza haciendo que sus bucles pelirrojos se agiten sinuosos con el movimiento – ¿Y se puede saber por qué era tan importante que viniese contigo?

– Eres la única persona que conozco que sabe hablar checo.

Se ríe casi nerviosamente durante unos segundos – Tony, solo sé decir “hola”, “adiós” y “Lo siento pero el señor Stark no podrá atenderle por el momento”

– Me vale –,  dice sin perder el ritmo – además quería averiguar si tenías algún otro vestido despampanante de espalda al aire.

– Siento decepcionarte

Su vestido no es azul ni tiene la espalda al aire pero a cambio es de un verde esmeralda imposible de no mirar y con un escote que baja, más  discretamente de lo que debería ser posible, hasta algún misterioso punto del final de su esternón.

– Decepción, señorita Potts…– dice evidenciando descaradamente su escote con la mirada –  …no es la palabra que yo utilizaría.
Cuando la música disminuye su cadencia anunciando el inminente final de la pieza, Tony la hace girar y caer sobre su brazo hacia atrás en un gesto dramático como si fuesen Ginger Roberts y Fred Astair pero sin los zapatos de claqué.

– Creo que necesito tomar una copa.

Pepper desaparece en dirección al bar y Tony tarda unos segundos en reaccionar, el tiempo suficiente para que un tipo canoso al que está seguro que no conoce de nada, le salude y se interponga su trayectoria. Para cuando consigue alcanzarla, ya tiene un Martini en las manos  con cuatro aceitunas y al camarero completamente encandilado.

– Me estaba preguntando si vas a besarme ya o tengo que seguir esperando – le suelta a bocajarro.
Pepper apenas reacciona, tan solo subiendo la vista de su copa tangencialmente – Tony…

– Lo digo porque van a empezar a salirme canas de un momento a otro.

Ella exhala un fastidio e inclina ligeramente la cabeza.

–¿Estás seguro de querer seguir con este tema de conversación?

– Bastante seguro sí.

– Entonces, para referencias futuras, te diré que si quieres que una chica te bese, dejarla sola y abandonada sin previo aviso, esperando eternamente a que le traigas algo de beber, no es el mejor modo de conseguirlo.

Tony entorna los ojos y baja la voz un tono, más como excusa para poderse acercar más a ella que por temor a que nadie le oiga.

– Me gustaría aclarar que no he dejado a ninguna chica sola y abandonada sin previo aviso. Bueno es posible que sí. A más de una. A un montón de hecho.

El caso es que te dejé en una fiesta para volar hasta Gulmira a salvar vidas lo que muchos dirían, me convierte en un héroe, y un héroe se merece un beso.

– Bien, arreglaré un casting entre sus muchas admiradoras

Y sin más reparos, da un sorbo a su copa de Martini, se mete una aceituna en la boca y desaparece entre la multitud.

Para que nadie diga que Tony Stark no sabe aprovechar la coyuntura y ya que está al lado del bar, pide un whisky y luego pide otro, charla con alguno de los invitados como la persona civilizada que le gusta pensar que es, saluda a algún compañero ocasional de timbas de póker y cuando Pepper vuelve a entrar en su campo de visión, escabulléndose entre los invitados que tratan de retenerla y saliendo a la terraza, deja su tercer vaso de licor a medias y esquiva a la multitud hasta que consigue seguirla hasta el aire fresco de la noche.

– De acuerdo, te propongo un trato –dice rompiendo el callado ruido de la ciudad y haciendo que ella se dé la vuelta. – Prometo que si me das un beso no volveré a sacar el tema.

– Pepper se cruza de brazos y eleva una ceja en un gesto descreído. – Seguro.

– No en serio. Lo prometo.

Está preparado con una ristra impresionante de argumentos lógicos perfectamente razonados y no piensa descansar hasta salirse con la suya, ya le lleve todo la noche (con un poco de suerte) o la mitad de su vida (probablemente), pero antes de que pueda empezar a enumerarlos en voz alta, Pepper avanza los dos pasos que les separan, pone las manos a ambos lados de su mandíbula y le besa con sus labios que saben a Martini de manzana y aceitunas.
Responde al beso, abre la boca y deja que sus lenguas se encuentren durante unos segundos antes de profundizar el beso hasta que lo único en lo que puede percibir es la textura de sus labios entre los suyos y su olor a vainilla y a frambuesa.

El beso se acaba dos o tres milenios antes de lo que le gustaría y Pepper vuelve a dar dos pasos atrás.

– Una promesa es una promesa–,  dice.

Y la brisa de la ciudad, le susurra a Tony al oído que hay más de un camino para llegar a Roma.

3.      Tony/Ziva. NCIS.

Con un vestido rojo ajustado  y el pelo recogido en un moño alto, Ziva camina entre los invitados con la soltura aprendida de quien ha pasado media vida entre recepciones de la alta sociedad.

El vestido se recoge en un nudo en su nuca y se abre en la espalda casi hasta donde pierde su noble nombre y luego continua ajustado hasta apenas rozar el suelo con una abertura a lo largo de su pierna derecha que sube hasta el muslo y  que es lo único que la permite poder andar sin que parezca un pingüino.

Sobre unos tacones de aguja de una altura discreta para no parecer demasiado alta, Ziva camina moviendo las caderas para poder balancear adecuadamente el peso de su cuerpo y sostiene una sonrisa contenida de las que se ven en los manuales de protocolo de princesas exóticas.

Escasamente a medio metro de distancia le siguen los pasos inauditamente silenciosos de su compañero, a sus seis, guardándola las espaldas y no es que no aprecie el gesto pero a veces le gustaría matarle.

– Tony, deja de mirarme el culo.

– No estaba… –  Ziva gira la cabeza, mira por encima de su hombro derecho y le pilla haciendo justo aquello que estaba a punto de negar– … bueno ¡es difícil no mirar!

– Piensa que podría romperte todas las falanges del pie de un solo pisotón – dice con una sonrisa – quizá eso ayude.

Tony le ofrece como respuesta su sonrisa falsa marca de la casa y Ziva le guía justo a hasta la línea imaginaria que separa a las parejas bailando de los invitados que  socializan cordialmente entre copas y canapés.

– Deberíamos bailar un par de canciones, cubrir la máxima distancia posible. Tenemos que asegurarnos de que nuestro contacto nos vea.

– Oh créeme, si está vivo y no es ciego, no hay posibilidades de que no se fije en ese vestido.

Como la consumada experta que es en la materia, no deja que en su cara se refleje ningún tipo de reacción a los halagos de su compañero, se da la vuelta despacio para quedar cara a cara y en el proceso echa un vistazo rápido a la habitación – Y ese es el motivo por el que no se te dan bien las misiones encubiertas. Hablas demasiado.

Él da un paso hacia adelante y le coloca la mano en la cintura inclinándose como si fuese a revelarla los secretos del universo al oído  – Bueno, no soy un experto como tú, Pequeña Ninja, pero creo recordar que fuimos bastante creíbles en nuestra última misión encubierta.

La reta con la mirada a que diga lo contrario pero antes de que ella pueda hacer un comentario sobre sus habilidades para hacer flexiones en la cama una voz de mujer que no reconoce para nada hace que a ambos se les congele la sonrisa y la sangre en el cuerpo.

–¿Tony? ¿Tony Dinozzo?

Los ojos de Tony se abren desmesuradamente al escuchar su nombre y Ziva puede jurar por lo más sagrado que si la misión se va al traste por uno de los ligues de Tony, no encontrarán su cadáver en un solo continente.

Tony se gira hacia la fuente de la voz, muy despacio, y Ziva sigue su mirada. La mujer, con un vestido marrón de tirantes sin demasiado escote, elegante pero discreto, es morena y alta. Guapa aunque no exuberante y tiene pinta de conocer todas las letras del alfabeto. En absoluto del tipo de Tony.

–¿Beckett?

El uso del apellido y la falta de apuro en el tono de voz de Tony la saca de dudas.

– Oh Dios mío hacía que no te veía desde…

Pero Tony le interrumpe antes de que pueda dar más detalles que puedan escuchar oídos indiscretos, aunque no hacen falta todos sus conocimientos de espía para intuir que se conocen de la época en la que Tony trabajaba para la policía en lugar de para el NCIS.

– Esta es mi… compañera–  dice terminando en poco más que un susurro y apenas señalándola.

Ziva sonríe y ofrece cordialmente su mano a modo de saludo aunque evita conscientemente decir su nombre – Encantada – dice en su lugar y mira con cierta extrañeza al acompañante de la mujer que parece un matojo inquieto de nervios parapetado detrás de ella.
Beckett enarca una ceja y la mira de medio lado antes de que parezca caer en la cuenta–  Oh, Kate Beckett – y acepta el saludo de su mano.

– Lo siento pero estamos tratando de pasar… desapercibidos–  explica Tony en poco más que un susurro.
Kate Beckett sonríe y asiente discretamente antes de soltar su mano, cuando como salida de la nada aparece otra mayor, masculina aunque cuidada y Ziva se encuentra cara a cara con lo que debe ser la excitación hecha persona.

– Rick Castle. Trabajo con Beckett.
Ziva le saluda aunque mira de reojo a Tony con una amenaza velada. Pueden dar gracias de no estar trabajando para el Mossad, si no a estas alturas ya habría alguien, cuanto menos, atado y amordazado.

– Castle. ¡Castle vámonos!

– Pero si solo estaba…

No le deja terminar, la mujer le coge de las solapas de su carísima chaqueta y cuando sus caras están  apenas a cinco centímetros de distancia, aprieta la mandíbula puntualizando cada sílaba

– Va. Mo .Nos.

– Sí señora.

Ziva coge del brazo a Tony y lo arrastra sin esfuerzo hasta la pista de baile con la mejor de sus sonrisas y empleando más fuerza de la necesaria en rodearle el antebrazo.

– Ziva, Ziva, creo que he dejado de sentir los dedos de la mano hace diez segundos.

Ziva en respuesta solo sonríe pero no le suelta hasta que no están en el centro de la pista de baile.

– Si lo piensas bien no ha sido culpa mía. –  se justifica Tony.

– Cállate y baila

Tony suspira y la coge de la cintura y de la mano y la lleva al ritmo de la música sin dejar demasiado espacio entre ellos.
Con cada paso el vestido se mueve abriéndose y dejando al descubierto prácticamente su pierna entera para cerrarse repentinamente en el siguiente paso. Ziva ignora las miradas insistentes de los hombres de mediana edad que la observan desde la barra del bar y se fija sin embargo en otra pareja que baila a pocos metros de distancia.

No puede ser.

Gira con el baile y se afana en observarles sin ser descubierta aunque cualquier novato del Mossad podría reconocerles sin demasiado esfuerzo; Jack Bristow e Irina Derevko, dos de las personas más observadas y reclamadas por los servicios de inteligencia internacionales.
Su contacto todavía no ha hecho acto de presencia y visto lo visto, Ziva no descarta que las cosas terminen yendo justo por donde no deben.

– Me temo que va a ser una noche movidita.

Y Tony la mira con un poco de curiosidad pero se limita a ladear ligeramente la cabeza y a acortar la distancia entre ellos hasta que resulta inexistente, la mano que antes estaba en la cintura pasa a ocupar la parte descubierta de su espalda antes de que comience el vestido y su mejilla se sitúa apenas rozando la suya con la facilidad natural que se obtiene con la práctica.

– Si usted lo dice, Señora Smith.–  comenta en lo que Ziva está segura que es una referencia cinematográfica.
No le gustaría tener que reconocerlo ni ante ella misma delante de un espejo pero lo cierto es que mientras bailan haciéndose pasar en parte por lo que no son, Ziva tiene que admitir que a Tony, las misiones encubiertas no se le dan del todo mal.

4.      Castle/Beckett. Castle.

Camina hacia atrás echando los pasos uno tras otros y sin preocuparse demasiado por si pisa a alguien hasta que Becket deja de empujarle y suelta sus maltrechas solapas.

– Solo quería saludarles. La mayoría de la gente coincide en que soy encantador.

Beckett eleva los ojos al cielo y se retira el pelo de los ojos colocando un mechón detrás de su oreja en un gesto casi nervioso.

– Castle, están de misión encubierta.

– ¡¿Qué?!– Rick mira por encima del hombro de Beckett hacia la pista de baile. El vestido rojo de la mujer destaca entre la multitud como si fuese una bengala
y no es difícil seguirles con la mirada mientras bailan realmente agarrados mirándose a los ojos –  ¿Estás segura?

– Bastante

Vuelve a mirar por encima de su hombro. Comprueba que sí, efectivamente la pareja sigue bailando mientras se sonríen del modo en el que se sonríen los protagonistas al final de una comedia romántica.

Kate se revuelve molesta y le empuja de nuevo, esta vez de un modo tangencialmente más sutil, hacia la barra sacándole de la línea de visión de la pista de baile.

Su cerebro no tarda demasiado en sumar dos más dos. Nicky Heat, un vestido rojo, una operación encubierta…

– Ey Becket y… ¿Tú has trabajado en alguna operación encubierta de… ese tipo?

No es uno de los escritores más vendidos por su falta de imaginación precisamente y no tarda ni diez segundos en hacerse una idea de cómo se ceñiría un vestido rojo como el que acaba de ver a cada uno de los centímetros de curvas de su compañera.

– Ey Rick

Sale brevemente de su ensimismamiento para saludar a un viejo colega de fiestas y póker – Hola Tony – y continúa pensativo hacia la barra.

– ¿Conoces a Tony Stark? – Los ojos de Becket están abiertos como platos y hay un ligero tono de admiración en su voz que a Castle no le termina de gustar.                                                                       

– Hemos jugado al poker alguna vez.

– ¿Podrías presentármelo?

No, definitivamente no le gusta en absoluto. Busca rápidamente en su mente alguna excusa creíble y preferiblemente encantadora para negarse porque al fin y al cabo es escritor, le pagan para usar las palabras al servicio de su imaginación, no puede resultarle tan difícil.

– Ehmm… bueno…

Beckett sonríe. Le brillan ligeramente los ojos y no está siguiendo con la mirada al multimillonario playboy como ha visto hacer millones de veces antes a millones de féminas.

Quizás…

Castle sonríe de medio lado, si Becket quiere jugar no va ser él el que se retire antes de empezar.

– Eso depende. Ya sabes, Tony es un hombre muy solicitado tendrías que ofrecerme algo realmente jugoso a cambio como… no sé, dejarme llevar un arma en el próximo caso –ella levanta la ceja más descreída que divertida y Castle sonríe más ampliamente antes de continuar – o podrías conformarte con bailar con un escritor de bestseller mundialmente famoso.

Becket finge pensárselo durante casi un minuto entero. –Está bien – le concede – pero procura no pisarme, Fred Astaire.
Y en su mente repleta de imaginación, la imagen de Nikky Heat con un vestido despampanante va cediendo lugar a otra mucho más real de Becket con un discreto vestido marrón sonriéndole despreocupadamente.

5.      Brenan/Booth. Bones.

Respira hondo, sonríe incómodo casi por acto reflejo y da un trago más amplio de lo políticamente correcto a su copa mientras mantiene su mano apoyada en su cadera, de un modo similar a como lo haría si estuviese observando la escena de un crimen. Con alcohol.

– En serio, Huesos, ¿Qué hacemos en la fiesta del embajador checo?

Mira alrededor observando a la gente elegante moviéndose en círculos estudiados y se siente absurdo y ridículo y un poco desnudo sin ninguna de sus hebillas que no permite el código de conducta.

– Mi editor dijo que tenía que venir. Algo sobre la distribución de mis libros en el mercado checo.

Lleva el pelo recogido y maquillaje y un vestido negro y corto que no puede dejar de observar por el rabillo del ojo. En su escote recortado brilla el colgante de un delfín y a Booth le recuerda todo demasiado a la casi boda de Hodgins y Angela.

– Es explica por qué tenías que venir tú pero ¿Qué pinto yo en todo esto, Huesos?

Se encoge de hombros ligeramente – Me dijo que viniese acompañada. Por lo visto asusto a la gente cuando socializo “sin guía”. Creo que es una afirmación inadecuada y un tanto insultante, soy sobradamente capaz de identificar los patrones de relación antropológicos y reproducirlos.

– Creo que eso es exactamente a lo que se refería tu editor.

Caminan entre la gente haciéndose hueco entre los que no están bailando, hombro con hombro, con esa cercanía familiar con la que funcionan. Booth busca, con su intuición al servicio de la causa, alguien con quien hablar que no parezca checo, estirado o terriblemente aburrido, después de todo Brennan debería estar socializando.

– Me parece que acabo de ver a Tony Stark.

Booth levanta la cabeza como un perro que ha oído un silbido a doscientos metros de distancia y busca con la mirada en la dirección en la que se dirigen los ojos de su compañera. Sería oficialmente el padre más guay del año si consiguiese un autógrafo para Parker del mismísimo Iron Man.

– ¿Dónde?

– Al fondo, en dirección a la terraza – Huesos se gira para mirarle y con la gente empujando suavemente a su alrededor sus ojos azules y enormes están tan cerca que apenas puede mirar a otro lado–  Una vez fui a una de sus charlas e intentó ligar conmigo – lo dice así sin más, a bocajarro, y Booth intenta no sentirse incómodo con la información –  ¿Crees que debería ir a saludar?

¿Qué?

– ¡No! – lo dice más fervientemente de lo que debería.

– Pero ¿No se supone que debería estar entablando relaciones con los asistentes?

Le viene a la mente una imagen bastante gráfica de Huesos entablando “relaciones” con Tony Stark acompañada de una convincente punzada en la boca del estómago.

– El guía soy yo ¿no? Hazme case, Huesos.

Continúa con su inspección detallada de los alrededores, husmea visualmente entre los vestidos de lentejuelas y los smokings alquilados como el animal de caza entrenado que es, en busca de una presa adecuada.

Está a punto de darse por vencido cuando una cara familiar aparece entre el mare magnum de invitados en posición junto a una de las entradas del salón y Booth tiene que contenerse para no sonreír y suspirar como una colegiala.
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